Publicado: Vie, Mar 10th, 2017

El desván de la memoria de Aranjuez

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La curiosidad, aquella que mató al gato, me hace sumergirme en el interior de los Almacenes Municipales, el enorme depósito al que van a parar, como los restos que el mar escupe en la playa, un sinfín de objetos que conforman la memoria de la ciudad

La mañana luce un agradable sol primaveral que invita a la evocación. La delegada de Obras, Elena Lara, se ofrece a ejercer de cicerone por una ruta que transita por lugares impregnados de grandes y pequeños jirones de la historia cotidiana de la ciudad. Si Zola describió al mercado Les Halles como el vientre de París, los Almacenes Municipales –en el Camino del Mar Chico tras su traslado hace décadas desde Las Cañas- son algo así como el enorme costurero de la abuela, en el que en un aparente caos se acumulan botones, agujas, hilos y cremalleras. “Aquí guardamos todo el material utilizado para el mantenimiento de los servicios públicos de la ciudad”, me explica la delegada haciendo un amplio ademán que abarca las diferentes naves y espacios de los Almacenes. Dejando a nuestra izquierda las oficinas, el primer patio ya da una idea general de lo que allí se custodia. Jaulas metálicas con cabezas de farolas, placas de señalización vial, baldosas de acera y grandes botes de asfalto envasado… además de otros artilugios mecánicos que soy incapaz de reconocer. “Esto es un gran archivo” –sigue diciendo Lara- “que se ordena en grandes áreas: fontanería, pintura, electricidad, taller, obras, la oficina…” y que cuenta en la actualidad con un personal asignado de cuatro empleados, un en las labores administrativas y otros tres en las faenas propias del lugar. Recientemente se ha dotado una plaza vacante adscribiéndola al Departamento de Almacenes y Mantenimiento de Edificios, que incluye el servicio de limpieza y de conserjerías.

El bazar de las sorpresas

A mano derecha se halla la primera de las grandes naves. El arriba firmante, que no oculta su pasión por la rebusca en almonedas, mercadillos de quinta mano y trasteros polvorientos, pone los pies en una extensión ocupada por enormes estanterías y cajones metálicos repletos de… cosas. Los adornos navideños se dan la mano con una lámpara de araña que parece de hierro fundido. Las urnas electorales aguardan engullir sus papeletas frente a los repuestos de los focos de la pista del pabellón Agustín Marañón. Carteles de Coca Cola y viejos ambigús engordan de polvo con señales a estrenar que indican todas las direcciones posibles. La vista no da abasto: carteles que prohíben el paso a los perros y resaltos para el tráfico rodado, cabezas de farola de mil tipos diferentes y la nueva indicación de que el domingo hay Mercadillo de Antigüedades en la Plaza de Toros. Borriquetas y tableros, una vetusta báscula de asentador del Mercado de Abastos y metros y metros de tubos de diferentes materiales que se enroscan perezosamente bajo las telarañas de años. Debo descolgarme la mochila para poder acceder de lado a unos estantes que ordenan –en algo similar al alfabético- las placas de las calles. El callejero ribereño desfila por mis manos como si barajara. Las hay de muchos formatos, aunque prima el que lució en las fachadas hasta hace un año y medio, aproximadamente. Al fondo, está el taller de pintura en el que dos operarios están inmersos en plena tarea. “Además de los trabajadores, el Almacén cuenta con una furgoneta y las máquinas auxiliares para el almacenaje, sin contar, claro, con toda la flota de vehículos de Obras y Servicios Municipales que transitan por aquí a recoger y dejar material”, me va contando la delegada mientras salimos de nuevo al patio. En la zona más alejada están las sillas de plástico de los espectáculos, las antiguas talanqueras metálicas de los encierros, cuerpos de farolas, tapas de alcorques, papeleras y vallas de fundición y el cajón de madera en el que duerme el sueño de los justos Santiago Rusiñol. A sus pies, los bolardos de piedra que tanto trajín llevan desde la modificación de su Plaza. Elena Lara los indica y asegura que “ya hay menos reposiciones porque el tráfico se ha ido amoldando acorde a la reforma de la zona. Al principio no dábamos abasto a poner nuevos de la cantidad de golpes que se llevaban”. Un surtidor de gasoil cierra el conjunto de esta zona de transición hacia la segunda nave. Uralita y goteras La segunda nave, uno diría que gemela a la otra, presenta mucho peores condiciones en su cubierta. El tejado de uralita –ya conocen lo que ocurre con este material, al amianto y sus consecuencias- presenta enormes boquetes que dejan a las filtraciones normales, que las hay a porrillo, en pañales. Los trabajadores se quejan no sólo de sus condiciones laborales bajo esa insana cubierta sino de los caudales de agua que pasan al interior. Quizá por eso allí están guardados objetos fabricados para resistir la intemperie como las rejillas de los imbornales, las tapas de alcantarilla, los bolardos… Elena Lara expresa que con los nuevos fondos FEDER se pretende acondicionar las cubiertas. “Hubo una inspección en la Legislatura pasada que indicó que es un tema a solucionar, así que intentaremos hacerlo”. El segundo patio es colindante a su espalda con El Montecillo. Si bien hace una decena de años se hablaba de trasladar los Almacenes Municipales al Sector X (Cerro de la Linterna), hoy se piensa en traer el Punto Limpio desde el barrio de Cáritas para centralizar servicios. La obra no sería grano de anís… En este espacio abierto hay de todo, como en botica. Poyos de piedra de Colmenar, toboganes de parques infantiles fuera de la ordenanza de seguridad infantil, pavimentos de toda laya, bancos, ladrillos… y una escombrera. La responsable municipal de Obras me detalla que “todo lo que entra, porque se ha retirado de la vía pública o de las instalaciones municipales, se valora y se decide si es reparable o reciclable y se almacena. Si no, se desecha llevándolo directamente a vertedero o depositándolo provisionalmente aquí. Cuando se llena un contenedor, se lleva”. Pregunto si periódicamente se hace limpieza o saca de objetos con el fin de reordenar las instalaciones o de ingresar algún dinero en las arcas del Ayuntamiento. “No, no se hace a menudo. Cada cinco o seis años se hace con la chatarra a través de los procedimientos legales”. Uno recuerda un caso sonado de denuncia –socialista, precisamente- por salida irregular de chatarra en la Legislatura pasada pero hoy no me apetece remover la escombrera política, así que sigo con el paseo.

Las estrellas de la calle

A pesar de que aún hay mucho que mejorar en las calles, farolas, bancos y papeleras son las estrellas del trasiego. “Hay que tener en cuenta que hay muchos elementos que tienen una estética determinada acorde al barrio donde están. Se traen los deteriorados, se reparan si se puede y regresan. Otras veces son nuevos y otras no nos quedan iguales en el almacén, pero siempre tratamos de ofrecerlos en las mejores condiciones posibles”. El material nuevo se compra a través de la Delegación de Obras, “sobre todo cristalería y cerrajería, de los que no se dispone en los Almacenes por su especial singularidad”. Regresamos hacia la entrada principal e inquiero si con tanto material almacenado han tenido algún problema de seguridad. “No. El sistema funciona perfectamente y sólo nos ha ocurrido una anécdota. Un hombre pasó con una furgoneta, abrió sus puertas y se dispuso a cargar no se qué mercancía. Así, tranquilamente. Lógicamente el personal lo identificó y evitó el robo de ese caradura”, narra divertida.

¿Qué fue de…

La placa del Capitán?

De pie, apoyada de modo lateral sobre la pared del fondo de la nave de la derecha, de difícil acceso cerca de donde se acumulan las placas de las calles y los números de las viviendas yace la placa que el Ayuntamiento de Aranjuez erigió el 2 de septiembre de 1925 en la fachada de su casa natal en honor del capitán Félix Angosto Gómez Castrillón. “Murió gloriosamente en Africa el 2 de septiembre de 1924”, recuerda el texto dedicado a quien fuera merecedor póstumamente de la Laureada de San Fernando, nacido el 26 de junio de 1898 en el número 40 de la calle que hoy lleva su nombre. La placa se retiró hace lustros cuando aquel edificio fue derribado, siendo aún hoy un solar. Quizá regrese a su lugar de origen si alguna vez se construye allí alguna vivienda.

El busto de Rusiñol?

Encajonado cuando se procedió a la enésima reforma de la Plaza que lleva su nombre, Santiago Rusiñol aguarda su futuro en el patio principal de los Almacenes Municipales. La delegada de Obras, Elena Lara, no desvela la ubicación ¿definitiva? del busto una vez que se dé por concluida la rehabilitación del denominado Acceso Norte, trabajos emprendidos en la pasada Legislatura con María José Martínez como alcaldesa. “Estamos esperando a recepcionar la obra porque la empresa ha hecho unas modificaciones del proyecto que no estaban aprobadas. Cuando llegue esa aprobación definitiva, se mejoren esas deficiencias y la obra pase al Ayuntamiento se procederá a la colocación del busto, además de otras actuaciones”. Aunque Lara no da pistas concluyentes, todo parece indicar que la figura del pintor fallecido en Aranjuez el 13 de junio de 1931 se colocará en las inmediaciones de El Rana Verde, en las proximidades a la verja del Jardín del Príncipe, en una actuación lejos del conjunto anterior de estatua con gran fuente. En la misma ordenación los bolardo-adefesios podrían ser modificados.

El monolito de José Antonio?

Retirado por el Gobierno del alcalde Jesús Dionisio el 1 de agosto de 2006 acorde a la Ley de Memoria Histórica. Estos monolitos de piedra jalonaron el recorrido que el féretro del fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, hizo desde Alicante hasta El Escorial en hombros de sus “camisas azules “. En cada lugar del relevo se levantó un hito pétreo como el que se levantaba en la Carrera de Andalucía, frente a la Casa Parroquial de San Antonio y cuya inscripción reza que “la Falange de Guadalajara se lo entregó a las 12 del día 18 de noviembre de MCMXXXIX, año de la Victoria, a la Falange de Toledo”. En las cercanías existen otros dos. Uno, en la Cuesta del Regajal, cabe el antiguo Campamento Militar (en terreno privado) y otro, en la Cuesta de la Reina, próximo a la gasolinera de camino a Madrid.

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- Responsable de Deportes del Semanario MÁS

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