Publicado: Vie, Mar 3rd, 2017

Gerald Brenan y los árboles de Aranjuez

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Gerald Brenan, el autor de ‘El laberinto español’, y su mujer, la escritora Gamel Woolsey, estuvieron en Aranjuez después de la Guerra Civil. Dicho viaje quedó plasmado en un libro, ‘La faz de España’, en el que Brenan expresa su admiración por los árboles de Aranjuez en una afirmación rotunda: “Recomiendo a todos los dendrófilos serios -es decir, a todos los amantes de los árboles- que vengan a Aranjuez. Hasta que no hayan estado aquí no tendrán idea de lo que un árbol puede hacer”. ¿Qué diría ‘Don Gerardo’ si  pudiera levantarse de la tumba del cementerio inglés para pasearse ahora mismo por Aranjuez observando el triste estado del arbolado?  

Gerald Brenan (Malta, 1894-Málaga, 1987) llegó por primera vez a España en 1919, cuando ya conocía los horrores de la Primera Guerra Mundial (la llamada ‘Gran Guerra’ que luego quedaría pequeña) y sólo deseaba instalarse en un remoto lugar a leer todos los libros y lo más lejos posible de la civilización. Se instaló en un pueblo de las Alpujarras (Yegen) y desde allí inició un aprendizaje único de aquel primitivo país que era entonces España. Allí también descubrió el sexo, la música, la poesía, la pintura, el habla de la gente corriente, el vino, la amistad (Todo eso está en ‘Al sur de Granada’, libro llevado al cine por Fernando Colomo). En 1934 se instala en Churriana, cerca de Málaga, junto a su esposa estadounidense Gamel Woolsey, y allí los sorprende la Guerra Civil. Abandonan Málaga entre las bombas rumbo a Gibraltar y luego se radican en Londres. En Inglaterra publicará su libro fundamental ‘El laberinto español’ que disecciona el drama que llevó a la Guerra Civil. Comprometido con la causa repúblicana (con reservas, por cierto) no podrá regresar a España hasta 1949. Lo hará en compañía de Gamel y juntos recorrerán buena parte del arrasado país durante dos meses. De aquella experiencia sale en Londres, en 1950, ‘La faz de España’, mucho más que un libro de viaje, que será editado entre nosotros por la editorial Península en 2003. Brenan y su esposa recorren Madrid, Córdoba, las ciudades altas de Andalucía, Málaga, Churriana, Granada, Córdoba, La Mancha, Badajoz, Mérida, Talavera, Toledo y terminan su periplo en Aranjuez. Ambos ya conocían el Real Sitio y Brenan lo nombra como al pasar en anteriores escritos, pero esta vez viven la ciudad como un verdadero y merecido descanso después de una ajetreada excursión a los infiernos.  Brenan escribe: “Aranjuez es el Versalles español: todo en él habla el lenguaje del placer, la ceremoniosidad y el siglo XVIII. La ciudad se extiende en amplias calles paralelas y enormes plazas y paseos públicos, en torno a los cuales se yerguen en precisas hileras los alojamientos de los sirvientes del palacio”. El palacio, a propósito, no le impresiona demasiado (“es un edificio más bien tristón”) ni tampoco la Casa del Labrador (“Tras echarle un vistazo y decidir que el mobiliario era vulgar y sin gusto, salimos para dar un paseo por el Jardín del Príncipe”). Lo que verdaderamente entusiasma a Brenan son los árboles: “Recomiendo a todos los dendrófilos serios -es decir, a todos los amantes de los árboles- que vengan a Aranjuez. Hasta que no hayan estado aquí no tendrán idea de lo que un árbol puede ser. Hasta que no hayan estado aquí no tendrán idea de lo que un árbol puede hacer. Los plátanos en estos jardines alcanzan dos veces la altura que alcanzan en Londres y los olmos, creciendo de una forma libre y graciosa que no puede verse en los países septentrionales, se alzan hasta casi los cincuenta metros…” Y, finalmente, sorprendido, Brenan se pregunta antes de marchar: “¡Qué agradable es esta pequeña ciudad con sus formales calles decoradas con arcos y sus umbríos jardines!… Sin embargo, aunque este lugar está a tan solo cincuenta kilómetros de Madrid y posee un buen servicio de trenes, poca gente viene aquí. Y de esos aún menos pasan aquí la noche. ¿Estriba la razón en el tradicional odio castellano a los árboles? (como el chino, el campesino castellano es un furioso dendrófobo)”.

Sobre el Autor

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Abogado, periodista y escritor. Nacido en Buenos Aires, es vecino de Aranjuez desde 2001. Autor de varios libros, ensayos, novelas y obras de teatro, dirigió el Aula de Poesía José Luis Sampedro.

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