Publicado: Vie, Feb 24th, 2017

Donde convergen la música y la literatura

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El creador de Star Wars, George Lucas, afirmó que “el talento es una combinación de algo que te gusta mucho, algo que no te parezca trabajo y algo para lo que tengas la capacidad natural de hacerlo bien”. Para desarrollar el talento hace falta empeño, para descubrir si se tiene o no se tiene, el reconocimiento de los demás. A veces el talento fluye de tal manera que hay quien afirma que si está, acabará asomando hasta comparecer en público. Sin embargo, la posibilidad de mostrar todo el talento que alguien pueda tener es inversamente proporcional a las oportunidades que se tienen

 

Un libro al que le cuesta escapar de las garras del anonimato o un concierto que despliega emociones en el escenario de un pequeño local pueden llegar a ser tan extraordinarios como un ‘best seller’ o un macro festival en un gran estadio. Las vidas anónimas también están llenas de talento y por eso en este reportaje tratamos de mostrar el lado más personal de un músico y un escritor, dos mundos que en ocasiones convergen para desarmar el corazón más exigente.

Quique y Carlos

Enrique Hernán Roulet [Quique] es natural de Argentina. Llegó a España en el año 2000, tras un viaje por Europa en un año universitario sabático. “Tenía decidido volver, pero me quedé, aún sigo en ese año sabático”. Ya en España inició estudios de Filología, después hizo Publicidad y ahondó en el mundo de la Psicología, “como buen argentino”. Ocupó tiempo en Integración Social y en la actualidad está inmerso en la vorágine de la programación informática, tratando de buscar un futuro laboral. También hizo sus pinitos como actor en la Escuela de Interpretación de Cristina Rota, “para tratar de meterme en los personajes” con los que luego dibujaría sus historias en su gran pasión, la escritura. “Siempre lo que me gustó fue escribir, pero tenía que buscar otras cosas porque no quería ser un loco que pensara que iba a poder vivir de ello”. Tiene disponibles en Amazon ‘Mundo reflejo’, un libro de relatos, y la novela ‘Maldita sociedad la nuestra’, la primera parte de una trilogía que trata sobre un anciano indigente que persigue de manera tenaz a un joven escritor frustrado. “El anciano tiene una historia que le pesa, una misión y un plan para dar fin a muchos años de sufrimiento. El joven escritor querrá descubrir cómo fue su vida, quién fue y por qué hizo aquello tan atroz que, casi accidentalmente, tuvo que presenciar. Sus encuentros le acaban desvelando una historia de conspiración que el joven escritor jamás habría esperado de manos de un vagabundo”. Carlos Manjón es profesor bilingüe de Música en el colegio Carlos III. Con trece años intentó entrar en la Escuela de Música municipal pero hubo quien no lo estimó oportuno así que empezó en la Orquesta Vicente Aleixandre. “Allí aprendí solfeo y a tocar la guitarra, luego ya lo dejé y continué por mi cuenta”. Carlos es muy exigente, lo que le ha llevado a perfeccionar cada día el instrumento que más le apasiona, el de las seis cuerdas. Siempre tuvo ganas de estudiar en conservatorio pero dudó porque no quería “encorsetarse”. En la actualidad compagina sus apariciones entre la Orquesta de Pulso y Púa, la banda que acompaña a Daniel Rovalher, el grupo Malvarrosa, con un tributo a Antonio Vega, y con un proyecto nuevo muy atractivo, ‘Sonimia’, que tocarán el 21 de abril en el Pub Contrapunto, con temas propios. Acaban de grabar un vídeo de una de sus canciones a través de una comunidad de artistas por Internet en la que cada uno presta su arte para que los demás puedan utilizarlo. “Cogimos unas imágenes de una chica que las subió, nos encantaron y las mezclamos con nuestra música y ha quedado un producto final muy interesante”. ‘Sonimia’ es un proyecto “que nos hemos planteado como algo muy serio, en el que vamos incluso a invertir dinero y mucho esfuerzo para poder lanzarlo”. El problema es la difusión. “Es un mundo muy complicado porque te cuestionas cuándo comienzas a tocar, para quién y ese es un primer paso en el que tenemos que buscar fórmulas, porque puedes tocar para amigos, para familiares pero realmente lo que buscas es que la gente vaya a tus conciertos porque les gusta lo que haces y la complacencia de los que te rodean, a veces, es algo que no es real”. En el mundo literario también existen fórmulas para publicar. Quique afirma que “existen editoriales en las que te publican de manera gratuita pero tienes que asegurar que venderás algunos libros a partir de una presentación pero yo no puedo invitar a mis amigos a asistir y ‘obligarles’ a comprar un libro que, probablemente, muchos de ellos ni siquiera van a leer”.

Los comienzos

Carlos recuerda perfectamente cómo la música entró en su vida. “Estaba en sexto o séptimo de EGB, me levantaba por las mañanas y veía los vídeos musicales que proyectaban en Canal Plus; me llamó la atención Aerosmith con su disco ‘Get a grip’ y me despertó ese instinto que me llevó a tocar la guitarra, algo que cada día me gusta más”. Carlos cree que nunca se deja de evolucionar, “cada día aprendo cosas, pero necesito transmitir, no solo es tocar por tocar, necesito dar algo distinto, original y por eso soy tan exigente conmigo mismo”. Quique comenzó a escribir poesía desde muy pequeño, aunque los inicios de su primera novela fueron un poco “caóticos y estresantes, porque tenía una pizarra de corcho en la que tenía muchas notas, como si fuese un croquis, para empezar mi primera historia. Además, me instalé en el trastero para que nadie me molestase. A partir de ahí vas tomando notas allí donde vas, en el tren, caminando… y empiezas a crear los personajes en los que, de manera fundamental, debes creer”. Música y literatura conviven con un paralelismo representado en las editoriales y las discográficas de las que Carlos opina que “no afrontan actualmente un mínimo riesgo ya que si quieres grabar un disco tienes que invertir dinero, hacer todo el trabajo y luego presentarlo para que te pongan la pegatina, si es que les gusta el producto”. La fórmula para posicionar ese trabajo tiene dos caminos: la opción más ‘comercial’, tipo ‘Los 40 principales’ o un lado más independiente, tipo ‘Conciertos de Radio 3’. Quique cree que en el mundo de las editoriales contrastadas pasa algo parecido. “Ahora vende la novela histórica y una gran parte de lo que se publica tiene que ir por ahí pero yo me cuestiono si no puede salir alguien que haga otra cosa; el problema es que ahora la apuesta va por donde va”. La conclusión es que si quieres permanecer en sendos mundos tienes que aceptar lo que piden discográficas y editoriales, por eso se buscan alternativas por otras vías.

Mundos que cohabitan

La simbiosis está presente entre estas dos especialidades pero para Quique, la literatura “te exige un poco más de compromiso, de desgaste. En un disco puede haber canciones que no te gusten y que las pases pero en una historia o te quedas o te vas, no hay otra alternativa”. Incluso el paralelismo se ha acercado hasta en la piratería. Con la aparición de los ebooks, ahora los libros también pueden piratearse. La melodía puede ser el puente que una ambas especialidades. “Cortázar ya decía que la literatura es un ritmo y cuando ese ritmo no se cumple no tiene un buen acabado”. La simbiosis entre estos dos mundos queda evidenciada en que el último Premio Nobel de Literatura ha recaído en Bob Dylan. Respecto a que la calidad de un producto sea el argumento para que acabe viendo la luz Quique y Carlos difieren. El argentino piensa que hay muchas obras tanto literarias como musicales que podrían considerarse como maestras y que sin embargo “mueren en el olvido”. Carlos piensa que “no hay nada por casualidad y si una obra lo merece acabará viendo la luz”.

¿Sacrificarse?

Quique representa el romanticismo de quien desarrolla una faceta por el mero hecho de sentirse libre. “Yo desde pequeño siempre tuve la ambición de escribir para que mucha gente me leyese, nunca pensé en hacerme millonario”, sin embargo, es muy lícito pretender dedicarse en exclusiva a lo que uno más le gusta. “El problema es el tiempo y las necesidades de cada uno, porque si te dedicas a ello puedes pasar muchas horas pensando y trabajando, lo que significa que mejorarás a cada instante pero es que es muy difícil hacer profesión de ello”. Todo depende del sacrificio y de lo que cada uno este dispuesto a renunciar para poder intentarlo. A Carlos sí le gustaría enrolarse en ese mundo aunque entiende, por experiencias de gente cercana “que se renuncia muchas cosas, incluso materiales”. Como ejemplo pone a un “batería que estaba en nuestro entorno” y que acabó tocando en el grupo Fuel Fandango. “Siempre me decía que nunca tendría un coche, o cosas de las que dispone casi todo el mundo pero que no le importaba porque tocando y yendo de gira era feliz”.

La educación

No hay asignaturas en los colegios específicas para desarrollar el talento musical o literario. Son palos que se tocan pero no se profundiza. Para Quique uno de los problemas es la ‘obligacion’ de tener que leer libros impuestos. “El enfoque, para mi, es equivocado; siempre tuve fe en encontrar a ese profesor que me inspirase, que me abriese un mundo de posibilidades pero se quedan en lo esquemático. Podrían motivarte a realizar algún trabajo sobre algún libro que tú elijas, no lo que ellos quieran”. Hay libros que no despiertan interés porque a quien lo está leyendo no le gusta y por lo tanto no va a ser capaz de llegar a un nivel mínimo de comprensión. “Se puede desarrollar un talento sin la necesidad de estereotipos”. Para Carlos, la motivación musical depende de cómo lo vendas. “Mi experiencia me dice que a los niños les gusta todo tipo de música, les gusta la ópera, pero tienes que saber vendérsela”. Para Quique la gran sabiduría de la historia está en los libros pero sobre todo en las personas. “Si quieres saber sobre algo, tienes que acudir a un libro, luego podrán reeditarlo, aumentarlo o matizarlo, pero todo está ahí”. Los tiempos cambian y las obligaciones abundan por lo que encontrar ese momento de tranquilidad necesario para sentarse en la intimidad a leer un libro o cerrar los ojos para escuchar una canción es algo de lo que hoy día cuesta disponer. Pero no podemos obviar el talento, y disfrutar de él es disfrutar de un libro o un disco sin más pretensiones que gozar, como gozan los autores creándolos. La paciencia es una virtud, la esencia debe ser eterna.

Borges y Paco de Lucía, los espejos

El ser humano, por naturaleza y por norma general, siempre tiene referencias en las que inspirarse. Somos amantes de los mitos y el mundo de la cultura no iba a ser menos. Para Quique, su escritor fetiche es Jorge Luis Borges. “Es como mi abuelo, porque me ha enseñado siempre, me ha enseñado precisión, a no divagar, a no abundar en líneas y tener claro lo que quieres decir. Pero, además de todo eso, creo que siempre ha sido un gran incomprendido. Para alguien de su nivel intelectual que amaba la razón y el pensamiento haber dicho cosas a gente que no conoce más que el sentimiento del bombo y platillo ha sido su cruz, en un país donde gente que no lee sus obras le critica por lo que ha dicho”. Para Quique ese es un defecto del ser humano “porque somos jueces de personas a las que no les llegamos ni a los talones y siempre se debe conceder otra oportunidad a alguien al que no conoces y que ha podido equivocarse”. Para Quique, Borges es “el genio más grande que hemos tenido en Argentina y durante el siglo XX, incluso, en todo el mundo literario”. Para Carlos, el referente esencial en el mundo de la guitarra no es otro que Paco de Lucía, “en todos los sentidos; en evolución porque se inventó a sí mismo, revolucionó la música en su estilo e, incluso, fue muy criticado en el mundo del flamenco por los puristas, por incorporar otros estilos como el jazz”. En ese sentido, coincide con Quique. “Es muy fácil criticar pero los genios, genios son”.

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Diseñador gráfico del Semanario MÁS.

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