Publicado: Vie, Feb 24th, 2017

Argamasilla de Alba: la ruta del Quijote y Azorín

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El lunes 30 de enero se clausuraba en el Palacio Real de Madrid el “Año Cervantes” dedicado a conmemorar el IV Centenario de la muerte del autor del ‘Quijote`. La clausura fue presidida por los reyes en una ceremonia “teatral” dirigida  por Elena Pimenta que llenó de “cómicos” el solemne espacio. Concha Velasco fue la encargada de presentar el espectáculo que reunió la poesía  de  Antonio Colinas; la música del Grupo Zarabanda; momentos de alegría y diversión a cargo de Ron Lalá (la rompedora compañía cuenta entre sus miembros al ribereño Daniel Rovalher y triunfa en España y fuera de ella con “Cervantina”) y el gran José Luis Gómez  recreando el último capítulo de aquél hidalgo de quien el bachiller Sansón Carrasco dijo en El Quijote: “tuvo a todo el mundo en poco; fue el espantajo del mundo, en tal coyuntura, que acreditó su ventura morir cuerdo y vivir loco”.  El IV Centenario nació con voluntad global, universal, dirigido no solo a los 500 millones de hispano-hablantes que consideran al “Quijote” la “Biblia” fundacional del idioma, la primera novela de la Historia . Durante 2016 se multiplicaron los actos de Homenaje a Cervantes en todo el planeta (en  Aranjuez, ciudad cervantina, también se reunieron los ciudadanos convocados  por el Foro Cívico junto a la Fuente de Cervantes en la calle de la Reina) y la efemérides  parece haber reavivado el interés por la obra (no solo por el “Quijote”) y por el autor . Hace un siglo, al conmemorarse el III Centenario de la aparición de la primera parte de “El Quijote”, el periódico “El Imparcial” designó un enviado especial, el joven Azorín, a La Mancha, para inaugurar, en 15 artículos – -publicados entre el 4 y el 25 de marzo de 2005  reunidos posteriormente en  libro-: “La Ruta de Don Quijote”.  José Ortega Munilla, director de “El Imparcial”, citó a Azorín en su casa, le encomendó el reportaje y le dio algunos consejos y un revólver por si las moscas: “Va usted, primero, naturalmente, a Argamasillla de Alba… De Argamasilla creo yo que se debe usted alargar a las lagunas de Ruidera y como la cueva de Montesinos está cerca, baja usted a la cueva… No olvide los molinos de viento ni  el Toboso “. A continuación le entregó un pequeño revolver que sacó de un cajón de su escritorio: “No sabemos lo que puede pasar, va usted a viajar solo por campos y montañas. En todo viaje hay una legua de mal camino. Y ahí tiene usted ese chisme por lo que pueda tronar” El periodista-escritor tomó un tren a Argamasilla de Alba, comienzo del viaje: durante quince días recorrió varias localidades ‘cervantinas`, conversó con quien le salió al paso, e incluso alquiló un carro de caballos que conducía un confitero de Alcázar de San Juan. “La ruta de Don Quijote” consagró a Azorín. En España, pero también en América donde -en Argentina, por ejemplo- era lectura obligatoria en los colegios. En 1996, en su discurso de ingreso a la Real Academia, el peruano Mario Vargas  Llosa, premio Nobel de Literatura, agradeció a Azorín la existencia “de uno de los más hechiceros libros” y agregó: “Aunque hubiera sido el único que escribió, él sólo bastaría para hacer de Azorín uno de los más elegantes artesanos de nuestra lengua y el creador de un género en el que se alían la fantasía y la observación, la crónica de viaje y la crítica literaria, el diario íntimo y el reportaje periodístico, para producir condensada como la luz en una piedra preciosa, una obra de consumada orfebrería artística”. Con “La ruta de Don Quijote” en la mochila nos disponemos a desandar lo andado por Cervantes y Azorín. Como aconsejaba el sabio director de “El imparcial”, padre de Ortega y Gasset, hay que empezar por Argamasilla de Alba, visitar la Cueva de Medrano donde Cervantes estuvo prisionero y, dicen, empezó a escribir “El Quijote”, acercarse a la rebotica donde se reunían “los académicos” apócrifos,  llegarse hasta la presumible casa del Bachiller Carrasco… para, después, con los deberes cervantinos hechos, extasiarse como Sancho observando las lagunas de Ruidera desde el Castillo de Peñarroya.

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Sobre el Autor

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Abogado, periodista y escritor. Nacido en Buenos Aires, es vecino de Aranjuez desde 2001. Autor de varios libros, ensayos, novelas y obras de teatro, dirigió el Aula de Poesía José Luis Sampedro.

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