Publicado: Vie, Feb 10th, 2017

Breve y débil introducción a mi aversión por los Grupos

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[ Enrique H. Roulet ]

No es difícil notar que las personas somos parecidas pero diferentes. Cada uno tiene sus gustos, sus manías, sus particularidades; tú las tuyas y yo las mías. Y aunque miles de personas puedan coincidir en preferencias y elecciones, diferirán en otros puntos. Los recién llegados, los tímidos o los que no aprendieron a comunicarse con valor y de una manera genuina, entre otros, ocultarán aquellas divergencias o las relativizarán escondiéndolas bajo la alfombra, adoptando las de su nuevo entorno por vergüenza, por agradar o por miedo a ser apartado. Este es uno de los primeros obstáculos que a mi entender se presenta en los Grupos, además de la pérdida de identidad propia, aunque sea en pequeño grado, de cada miembro en particular. Hay una frase, que si mal no recuerdo es de aquel gran pensador occidental que se convirtió en maestro yogui, Andrés Tisminetzky, que dice: “Formar un grupo es el primer paso para la conspiración y el sectarismo”. Lo primero que pensé al escucharla es que puede ser cierta; una de las definiciones de grupo es que persiguen un “bien” común. Es evidente que Tisminetzky se debe referir más que nada a los grupos de presión, pero yo veo la frase válida incluso para cualquier tipo de grupo, salvando las grandes distancias entre ellos y sus consecuencias en la vida diaria, por supuesto. Uno puede llegar a la conclusión de que hay grupos buenos, necesarios, de defensa, de cobijo, de expertos, alianzas que son un canto a la vida como ningún otro grupo que pida credenciales lo será; también es cierto. Ayer mismo escuchaba en las noticias el relato de un exiliado salvadoreño que contaba cómo en su ciudad, las bandas criminales le animaban a decidir pronto por una de ellas, si no, lo mataban. Él decidió emigrar para no verse involucrado en eso y asesinaron a su padre. Este es un ejemplo extremo, pero no dejo de creer que tenemos una obsesión como especie a formar grupos, grupitos, clanes; así de asustados venimos al mundo. Hemos observado muchas veces que las alianzas son necesarias para enfrentarse a los tiranos, que en grupo se llega mucho más lejos, que es bueno tener una asociación o alguien siquiera que te respalde en momentos difíciles, ya sean laborales, económicos, sociales o personales. Sin embargo, podemos aquí decir que hay por encima de todo un grupo que nos afecta a todos lo queramos o no, nos integra, da cobijo y que nos debería ser suficiente: el grupo Humano, el más generoso de todos. Luego podrá venir el sentir continental o la patria (que es una noción que empiezan a meter en nuestra cabeza a partir de los seis años aproximadamente, muy fuertemente en el colegio, ya que antes tu patria es tu casa y tu único Rey y Reina son tu padre y tu madre) y otros cuentos. Aquello de ser co-ciudadano, eso tan bonito que te hermanará en el extranjero a ese total desconocido que nació a treinta quilómetros de tu casa. Pasas a ser vecino, ojalá uno de los que se merezca el saludo. Tu club de fútbol o cómo te vistes te identificará. Tu trabajo te describirá y si queda tiempo, tus afinidades te presentarán nuevos compromisos…etc, etc y van apareciendo los grupitos. Donde haya personas puede conformarse un grupo y eso nos sienta bien. Como las muñecas decorativas rusas (sí, Matrioshkas), los grupos van derivando en otros grupitos y, para mí, el problema viene cuando les damos importancia de vida y los dejamos despertar como un ente aparte donde el Todo supera la suma de sus partes, para bien o para mal. Y es aquí donde esto se vuelve un tema interesante. Yo tengo mi punto de vista y lo bueno es que no represento a nadie más que a mí mismo en mis palabras, (y dejo claro que no me gustan los grupos, ni siquiera tengo predilección por ningún equipo de futbol, cuando Maradona jugaba en el Sevilla, yo iba con el Sevilla; si Messi jugara en el Madrid, no me perdería ni un partido del Real Madrid). No voy a dejar de reconocer que está muy bien trabajar en comunidad, lo hacen a una escala gigantesca aquellos que luchan porque éste sea un mundo mejor cada día pero, (para despedirme con algo serio) déjenme decirles que los demás, esos grupos mezquinos, generalmente de presión o interés, (Lobby los llaman por la tierra de Trump), en la escala que sea, vecinal, de patio de colegio, institucional, regional o internacional son, a mi entender, los que sobran, una degradación; desafortunadamente los que abundan y los que me espantan.

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