Publicado: Vie, Sep 23rd, 2016

Barco a la deriva

Herbolario
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Acipa es un barco a la deriva. De aquella formación que irrumpió en el panorama político ribereño -y que no ha dejado de tener representación en la Corporación en las últimas legislaturas- solo quedan los restos. Acipa nació de la mano de Pilar Quintana, antigua concejal del Partido Popular, con la intención de trabajar por los beneficios de la ciudadanía, sin una ideología definida y con un claro liderazgo, el de ella misma, que no ha tenido continuidad tras su marcha. Ni desde el grupo de concejales, representado por Jesús Mario Blasco, ni desde el propio partido, en la figura de su nuevo presidente, José María Belmonte, se atisba el final de un túnel en el que la formación se metió tras la marcha de su máxima exponente. La sucesión de conflictos, que comenzó en ese mismo momento y continuó con la dimisión de la cúpula en el partido hasta pasar por la renuncia de su última concejal, Paloma Baeza, ha desembocado en el último episodio, acaecido esta semana, en la que Mónica García, que fue presidenta de la formación, ha tomado posesión de su acta de concejal aunque como no adscrita. Desde el partido independiente han considerado que lo mejor para sus intereses es no admitirla dentro de su grupo, esgrimiendo que ya no pertenece al partido; un argumento poco sólido si tenemos en cuenta que tampoco pertenecía al mismo en el momento de formar parte de su lista electoral. Se puede discutir que la ley necesite una revisión, puesto que es loable pensar que cualquier acta de concejal debería pertenecer al partido y no a la persona y en algunos casos, guiados por la ética y la moral, quienes han renunciado a sus siglas han entregado su acta al partido. Pero no parece ser el caso puesto que, en esta ocasión, es la propia formación la que prescinde de la persona que, en todo momento, ha manifestado su intención de seguir perteneciendo al grupo y de trabajar por un programa electoral en el que también participó. A raíz de esta decisión, Acipa podría sufrir consecuencias referentes a los recursos de su grupo puesto que, atendiendo a la proporcionalidad, se queda con un concejal -que es la mitad de los que tienen los grupos con menos representación- por decisión propia aunque éste es un asunto que deberán dilucidar los técnicos municipales con la legislación y la jurisprudencia en la mano.
Pero el mayor problema de Acipa no es ese sino su propia identidad, una identidad que vaga sin rumbo hacia no se sabe dónde. Resurgir de sus cenizas solo depende de que en algún momento alguien tome las riendas de un partido que, por méritos propios, se hizo con un hueco en la política ribereña.

Tien21 marzo

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