Publicado: Vie, Sep 2nd, 2016

Desde el balcón del Río: La no implantación de caudales ecológicos en el río Tajo

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Recientemente se publicaba en el foro de Acuademia (www.acuademia.com), un interesante artículo titulado “Reflexiones sobre el cálculo e implantación de los caudales ecológicos”, donde se explican unas opiniones en cuanto a las metodologías expuestas por la normativa estatal (en concreto la Instrucción de Planificación Hidrológica publicada en la Orden ARM/2656/2008)  respecto a la determinación de los caudales ecológicos, que deberían finalmente recogerse en la planificación hidrológica española de nuestras cuencas hidrográficas, para preservar en las mejores condiciones posibles los ríos.
Este artículo termina con un epílogo que textualmente dice: “Como resulta que el régimen de los caudales ecológicos resultante de la aplicación de la Instrucción (en cumplimiento de la Directiva europea) no es cumplible si se desean salvaguardar los usos existentes en muchas de nuestras cuencas o subcuencas, sólo caben dos soluciones: revisar el aprovechamiento de nuestros ríos para usos productivos (que es decir tanto como cambiar la realidad) o, por el contrario, modificar la Instrucción sobre la determinación de los caudales ecológicos (cambiar la normativa). En el caso de la cuenca del Tajo la opción ha sido clara: se han cambiado los «caudales ecológicos mínimos» en Aranjuez, Toledo y Talavera de la Reina, por “caudales mínimos”, impuestos por un diktat. …”. Al hilo de este artículo se plantean unos comentarios respecto a las realidades y consecuencias que ha tenido la aplicación de estas normas, cuyos fundamentos deberían servir para proteger el medio fluvial, pero que hasta la fecha la obviedad de la situación del Tajo a partir de los embalses de su cabecera demuestra que esas normas se han antepuesto al servicio de otros intereses.
Para empezar, la Directiva Marco del Agua (DMA) marca el objetivo en la Unión Europea para que la calidad del agua sea óptima  y que ésta circule en un régimen adecuado, para lo cual los cauces deben llevar agua en cantidad, teniendo en cuenta una variabilidad a lo largo del año de manera análoga al comportamiento natural de la masa de agua de que se trate.
A la hora de determinar caudales ecológicos y medioambientales, se use el método que se use, lo que se trataría es por tanto de alcanzar un modelo de régimen de caudales que permitan preservar en las mejores condiciones ambientales el ecosistema fluvial del río o tramo de río que se trate, así como de los ecosistemas terrestres asociados.
No obstante, cualquier modelo que se diseñe supondrá sacrificios al ecosistema, pues desde el momento en que se deprima el régimen de caudales, este ecosistema se adaptará y por tanto no podrá ser igual que si se conservase en condiciones prístinas.
Hasta mediados del S. XX, antes de la construcción de los grandes embalses, las presiones desde la cabecera del Tajo hasta Aranjuez eran muy moderadas, por lo que el funcionamiento del régimen fluvial era cercano al natural y por tanto el ecosistema fluvial potencial se conservaba en esencia. Entiéndase potencial porque ya había presiones al margen del uso del agua, como la transformación agrícola de la mayor parte de las vegas, que modificaba los ecosistemas terrestres asociados al río y la existencia de unos cuantos azudes que suponían alteraciones en la continuidad del cauce con consecuencias tanto en el mismo, como en determinadas especies sensibles de la fauna acuática.
Lo que está claro es que para un determinado tramo de río no se trata de calcular un caudal ecológico mínimo, ni un caudal ecológico medio, sino de establecer un régimen de caudales variable a lo largo del año que permita circular los suficientes caudales para respetar un régimen fluvial. De esta manera el río, entre otros parámetros, debería tener al menos unos caudales máximos y caudales generadores, con una máxima tasa de cambio aceptable del régimen de caudales, que puntualmente permitan que el río regenere su cauce, mueva sus sedimentos, así como unos caudales mínimos que permitan la preservación de la fauna acuática.
Por ejemplo, si se consigue conservar el hábitat del cacho, la boga, la bermejuela y los barbos, seguramente obtengamos la preservación de las condiciones adecuadas para la existencia de la mayor parte de la fauna acuática que vivía en el río y que son muchas más especies de invertebradas, anfibias, reptiles y peces.
No es importante que el río en Aranjuez en determinados momentos transporte 6 m3/s, si en otros lleva 30, 100 o puntualmente 400 m3/s, en función del modelo que se diseñe de régimen.
La Instrucción de Planificación Hidrológica habla de métodos de cálculo de caudales ecológicos, pero no especifica ninguno concreto. Por ejemplo uno de los más recientes es IAHRIS, diseñado por la Universidad Politécnica de Madrid para medir la alteración hidrológica de los ríos, que ha sido recomendado para su aplicación en la Directiva Marco del Agua de la Unión Europea
Está claro que no se puede pretender un río como en la Prehistoria y que en el diseño de los caudales “ecológicos” hay que tener en cuenta las presiones o usos humanos, ya que nosotros también formamos parte del ecosistema y por tanto condicionamos el mismo. Pero echando cuentas lo que parece estar claro es que esto no da para aguantar las presiones de otras cuencas, como la del Segura y zonas del sureste español asociadas, ni ninguna otra.
También hay que considerar el cambio climático, que es desde hace tiempo una realidad y que está suponiendo una disminución progresiva de precipitaciones y elevación de temperaturas, que ya de por sí supone una disminución de los caudales que circulaban por el Tajo hace más de 40 años y una mayor pérdida por evaporación y evapotranspiración de los hábitats naturales y de los cultivos asociados al río.
Por otro lado, no es suficiente con la determinación, por el método que sea, de los valores de caudales ecológicos que permitan diseñar el modelo de régimen fluvial supuestamente adecuado para el tramo de río de que se trate, sino que debe ser evaluado periódicamente para comprobar la adecuación o no del mismo a los objetivos de conservación de la buena calidad ecológica de la masa de agua.TAJO-3
Todas estas cuestiones son recogidas por la Instrucción de planificación hidrológica, es decir por la normativa legal española, pero sin embargo a la hora de trasladarlo a la norma que regula el uso de la cuenca del Tajo hasta 2021, esto es el Plan hidrológico del Tajo aprobado en enero de 2016, para el cauce principal del Tajo desde Aranjuez a Talavera de la Reina no se determina ningún caudal ecológico, sino unos caudales mínimos legales sin el menor respaldo técnico o científico, cuyo objetivo principal es no comprometer la viabilidad de Trasvase Tajo-Segura (TTS).
A fin de cuentas se antepone “de facto” los intereses económicos de los principales beneficiarios de la infraestructura, a la preservación de la calidad del río llamado cedente, con el manido y falaz principio de solidaridad entre cuencas excedentarias y deficitarias.
No se conoce ninguna cuenca excedentaria, en tanto que cualquier cuenca si se le detraen parte de sus recursos hídricos tendrá consecuencias en el funcionamiento de su medio natural fluvial, ni tampoco hay cuencas deficitarias, pues todas tienen sus límites en cuanto a dichos recursos hídricos a los que las necesidades e intereses humanos deberían adaptarse.
La cuenca del Segura tiene agua propia en cantidad y calidad suficiente para satisfacer todas sus demandas de abastecimiento, riegos tradicionales e industria. La zona regable dominada por el TTS se creó para satisfacer unos intereses económicos al margen de las zonas tradicionales de regadío, con unas condiciones de competencia ventajosas en tanto que el agua que reciben está subvencionada con dinero de todos los españoles y no se paga por el verdadero coste que supone, incluidos los costes medioambientales de la cuenca detraída. Esta es una de las causas principales de la diferencia de coste entre el agua del TTS y la que se podría obtener por ejemplo de las desaladoras, por otro lado cada vez más eficientes.
Al final lo que se deje pasar por el río no dejará de ser una decisión política desde el momento en que se impone una necesidad de concertación entre todos los intereses de la cuenca, pero lo importante es que esa decisión se base en métodos objetivos, científicos y conscientes del respeto a la DMA manteniendo los usos de los recursos de la propia cuenca que pueda permitir el ecosistema del río con un coste ambiental asumible.

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