Publicado: vie, Mar 6th, 2015

Joseph Townsend: uninglés en la corte de Carlos III

Comparte
Tags

Joseph Townsend (Londres, 1739-Pewsey, 1816). Estudió en Cambridge y Edimburgo (medicina), fue clérigo y rector en Pewsey durante cincuenta años. Autoridad científica en los campos de la geología y la paleontología, escribió varias obras sobre estas materias. Además de eminente científico, Towsend fue un viajero en un tiempo donde muy pocos viajaban. Antes de ‘descubrir’ España, recorrió Irlanda, Francia, Holanda y Flandes

220px-Joseph_TownsendEn ‘Los curiosos impertinentes’ (Serbal/CSIC, 1988), Ian Robertson cuenta: “Townsend partió de Londres el 30 de enero en 1786, unos tres meses después del fallecimiento de su esposa: el viajar levantaría su ánimo”. Towsend recorrió España entre enero de 1786 y febrero de 1787: “siendo probablemente el suyo uno de los itinerarios más largos realizados en el siglo XVIII”. De la experiencia surgirá un libro modélico en la literatura viajera: ‘Journey through Spain in the years 1786 and 1787’, publicado en 1791. En dicho “clásico” de Townsend, Aranjuez tiene un papel destacado. Townsend llega a Aranjuez a comienzos de junio de 1786. Invitado privilegiado (frecuentará la corte, conocerá a Floridablanca y a Cobarrús) que, sin embargo, también deberá sufrir los problemas del alojamiento en el Real Sitio: “Quienquiera que visite Aranjuez deberá llevar el bolsillo bien repleto, y puede tener la certeza de que pronto lo encontrará vacío porque los mesoneros (dice comprensivo) no cuentan más que con una breve cosecha”. El viajero no solo aprecia y sabe contar el paisaje, sino que actúa como un cronista perspicaz, un reportero que junta ironía e indulgencia a la hora de escribir sobre los hábitos de la corte de Carlos III, empezando por el rey y el príncipe (el futuro Carlos IV): “Mientras está en Aranjuez el rey se divierte ordinariamente pescando hasta la mitad del día, regresa entonces para comer en público con los otros miembros de la familia real. Después de haber comido tiene una corta conversación con los ministros extranjeros; éstos se retiran a continuación y a eso de las tres o cuatro de la tarde, acompañado del Príncipe, a veinte o treinta millas a cazar y se procura esa diversión todo el tiempo, mientras hay luz para ver…”. El médico y clérigo disfruta activamente de la vida social: “conociendo uno tras otro a caballeros de exquisitas maneras, bien informados de cuanto en el mundo sucede, y a las más refinadas damas, todos alegres, animados, y llenos de vitalidad”. Townsend se fija en cosas que pocos perciben. A través de los horarios de la comida, por ejemplo, registra los cambios que se están operando: “Las personas que van a la corte siguen una antigua moda; comen a la una y media, inmediatamente de su regreso de Palacio; pero los más modernos solamente a las dos y los ministros extranjeros entre las dos y las tres”. Y escribe sobre “las adorables ridículas” (Moliére) que pasaban aquí “las jornadas”: “Por la tarde, después de la siesta, las princesas, seguidas de sus guardias, los Grandes y algunos ministros extranjeros, montan en sus carrozas, se pasean lentamente, saludándose mutuamente tantas veces como se cruzan. El público pasea por la avenida de la Reina, donde las Princesas van a veces a pie y la multitud las sigue…”.

Sobre el Autor

avatar

Deja un comentario

XHTML: Puedes usar estos tags HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

BANNER