Publicado: Jue, Sep 4th, 2014

Hemos creado un monstruo

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Tras las elecciones europeas, Pablo Iglesias, líder de Podemos, se ha convertido en uno de los referentes mediáticos. Aupado en el calor de las tertulias televisivas, su mensaje populista y demagogo ha calado en un sector importante de la población. También en Aranjuez. No todo el mérito es suyo, es más, yo diría que su éxito parcial radica exactamente en el demérito de los demás. En un sistema que no ha sabido actuar con precisión y contundencia. Por ello, los líderes políticos deberían tomar nota y limpiar la corrupción endogámica que salpica sus partidos (dos ejemplos: unos 100 imputados en el PP de Valencia, o el caso de los ERES en Andalucía). Seguir los dictados de la Constitución y garantizar el funcionamiento democrático interno, acercar la política a los ciudadanos y garantizar el cumplimiento de la ley. Una ley, que tras la reforma de Gallardón, ha sido más golpeada que nunca en su independencia. Cuando la ciudadanía perciba que la Justicia funciona y que es independiente, la confianza regresará. Si no es así, el monstruo será cada vez más grande y puede ocurrir lo que comúnmente se dice, “la revolución creció y se comió a sus hijos”. Iglesias es el producto de lo peor que han dado estos años de democracia. Un joven prototipo crecido al albur de un Estado de bienestar mastodóntico. Donde se nos ha inculcado la idea del “todo gratis”. Donde el esfuerzo no se valora porque no se premia y donde parece que no cumplir la ley es rentable. Iglesias es un acérrimo defensor del papel regulador del Estado, por tanto un opositor a la libertad individual y a la conciencia personal. Es una regla de tres: cuanto mayor es el Estado, menor es nuestra libertad. Es importante destacar qué está en el haber de este líder supremo (tan supremo que ilustra hasta los logotipos, en plan norcoreano, con una devoción máxima por la cabeza visible. De ahí las mofas en las redes sociales, “Pablemos”). Pues bien, Iglesias, comparte en su programa puntos que son calcados a las propuestas del Frente Nacional francés de Le Pen, que tanto asusta en Francia, pero tan poco en casa. Enumero, y son datos objetivos. Esto es noticia, no opinión. Ambos apuestan por el intervencionismo económico, las nacionalizaciones, la salida del euro y el aumento de las restricciones al mercado laboral. Ambos señalan a los mismos culpables; las multinacionales (a Pablo le ha dado ahora por decir mayordomos), es decir la globalización, el BCE (el mundo de las finanzas), y Angela Merkel (por austera. A Pablo y a Marie les gusta gastar, aunque saben de sobra que no hay). Cualquiera que haga un análisis rápido de sus programas llega a estas conclusiones. En lo estrictamente ideológico, no “Podemos” olvidar su vínculo con la dictadura venezolana. Una fundación, de la que él es patrono, recibe 300.000 euros del régimen criminal y asesino, otrora de Chávez y en la actualidad de su acólito, Maduro. ¿Le gusta a Pablo Iglesias el modelo venezolano?, ¿por qué colabora con él?, ¿le parece bien la restricción en los suministros, el cierre de medios de comunicación independientes y la persecución de la oposición? Visto lo visto, parece que sí. Por ello hay que estar alerta. También frecuenta Pablo Iglesias las herrikotabernas. Es más, hace unos meses, en Navarra, se deshizo en elogios a la banda terrorista ETA por “darse cuenta” de que “la legalidad española” no permite ejercer “ciertos derechos”. Son palabras del líder supremo, rodeado de calaña de Amaiur y Gara. Su fundación, también se dedica a premiar con viajes de estudios a Venezuela a miembros de la banda terrorista, como ocurrió con Eneko Compains. Por ello tengo la convicción de que este personaje, junto con muchos otros, representa la amenaza más seria, vestida de buenas palabras y con una estética muy estudiada, a lo que ya los clásicos antiguos como Tucídides anunciaban en sus obras: “la incondicional facultad de vivir como uno quiere”. Sí Iglesias alcanza mayor poder, será tiempo de despedirnos. Ya ha dicho que quiere regular la prensa libre. Dudo que le guste la discrepancia.

 

 

 

 

 

 

 

Sobre el Autor

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- Profesor de vocación. Ha trabajado en radio y prensa escrita. Ahora completa su formación como alumno, doctorando en Departamento de Historia de la Educación.

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