Publicado: sáb, Jul 5th, 2014

La Europa del “Sicavriato”

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En estas últimas semanas hemos conocido una indecencia político-financiera más. Desde 1994 hasta 2009, buena parte de los diputados europeos, entre ellos muchos españoles, gestionaban su fondo de pensiones en una Sicav radicada en Luxemburgo. Por cada dos euros aportados por Sus Euroseñorías, el Parlamento Europeo (PE) les financiaba con un euro de dinero público. En total el PE aportó cerca de 100 millones de euros. Sus Señorías europeas de repente se desmemoriaron y ninguno sabía, dicen, cómo engordaba una de sus futuras suculentas pensiones. Tampoco pareció importarles que el lugar elegido, Luxemburgo, sea uno de los paraísos fiscales que aún existen en Europa. ¿Qué se puede esperar de esta Unión Europea (UE) que permite la existencia de estos nidos de corrupción financiera? ¿Se puede considerar transparente y limpia a una UE que fomenta estas prácticas? ¿Cómo es posible que Luxemburgo, además de paraíso fiscal, sea sede de dos de los tribunales existentes en la UE: el Tribunal de Justicia de la Unión Europea y el Tribunal de Cuentas Europeo? Esta mezcolanza define qué es en realidad la Unión Europea del capital.

Solo ha dimitido Willy Meyer (IU), y lo ha hecho obligado por su formación después de destapado el escándalo. ¿Le honra la dimisión? Sí, en cuanto que le aparta de la vida pública. No, si con ella se pretende sustanciar toda su responsabilidad en estos hechos. Los demás partidos han mirado hacia otro lado ante el “desconocimiento” alegado por sus sicavrios y sicavrias. Incluso Rosa Díez (UPyD), autopretendida reina de la regeneración democrática, se marcó un Cospedal al afirmar que “hay una cotización diferida, no porque sea Sicav, sino porque es un fondo y los fondos de pensiones también se pagan (sic) diferidamente los impuestos”. El uso de la palabra “diferido” en boca de los políticos del vecchio modo confirma la utilización del lenguaje como instrumento de ocultación y no como vehículo explicativo de lo que hacen bajo el ejercicio de la responsabilidad pública y con dinero público.

En una Democracia recuperada por la gente y donde la gente es elemento central de la misma, la revocación de cargos, como otras muchas herramientas de su empoderamiento, se hace imprescindible si queremos que el saneamiento democrático de las instituciones públicas no quede en manos de un voluntarismo dimisionario que raramente se ejerce, sino en las de una ciudadanía soberana que actúa como tal. Si el ciudadano actúa responsablemente en la elección de cargos públicos, el mismo poder y responsabilidad democráticos ha de tener a la hora de apartarlos.

Como contrapunto, el régimen, que no ve la viga en su propio ojo, sigue empeñado en criminalizar de muy diferentes maneras a los de abajo.

Traigo a este artículo el último anuncio de la Agencia Tributaria; en él se puede ver cómo el cliente reclama al profesional que no refleje el IVA de la reparación. Este, ciudadano ejemplar a la vez que Estado, afea la petición del cliente haciéndole corresponsable -junto a otros pequeños defraudadores- de la falta de carreteras, hospitales, colegios… No es que me parezcan mal este tipo de campañas, pero creo que Hacienda, el Estado ejemplar del anuncio, debería insistir con otros personajes y otras situaciones. Por ejemplo, un anuncio en el que Hacienda recriminase al Gobierno las amnistías fiscales a las grandes  fortunas. U otro en el que se insistiese en la persecución de la financiación ilegal de los partidos. Se imaginan en el papel de profesional a cualquiera de los cuatro últimos extesoreros del PP y como clientes a algunos de ellos y a toda la cohorte de millonarios ensobrados. Qué bien estaría un anuncio protagonizado por la mismísima Hacienda recriminándose la validación de las facturas  presentadas por la hermana del actual rey, consideradas inicialmente falsas por la propia Agencia Tributaria. ¿Se imaginan a Hacienda enseñando a la ministra Ana Mato la diferencia entre un Jaguar de trescientos caballos guardado en un garaje y una vacuna contra la varicela? O este otro, en que la Agencia Tributaria saca los colores a los multimillonarios directivos de la banca rescatada por la política estafadora y ladrona seguida contra los afectados por las hipotecas. O aquel en el que la Hacienda de un Estado aconfesional anuncia que suprime la casilla para financiar a la de por sí multimillonaria y reaccionaria Iglesia Católica de los Rouco Varela y Cañizares. O aquel que…

¿Qué se apuestan a que el próximo anuncio de Hacienda estará protagonizado por un muchacho con “colETA” y pasamontañas, y un mandatario extranjero -no, no, suizo no- con acento latinoamericano y deje bolivariano, regordete, bigotudo y con pañuelo rojo al cuello?

Hágan caso, dejemos de imaginar y luchemos para que los anuncios que el régimen nunca realizará se conviertan en justa y democrática realidad.

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