Publicado: vie, Abr 4th, 2014

Las contumaces risas del franquismo

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—Luis: “Y mamá que estaba tan contenta porque había llegado la Paz”.
—Padre: “Es que no ha llegado la paz, Luis. Ha llegado la Victoria”.

“Las bicicletas son para el verano”.

Causa indignado estupor escuchar las declaraciones, algunas presuntamente delictivas, de dirigentes y cargos públicos del PP defendiendo sin el menor sonrojo la Dictadura franquista. La última conocida es la balbuciente e impresentable diatriba de Javier Lindo, concejal del PP, para quien Franco sigue siendo “el Caudillo”, en el debate de una propuesta del PSOE, que solicitaba el cumplimiento de la Ley de memoria histórica y de las Recomendaciones de la ONU en apoyo a las víctimas de la Guerra Civil (GC) y de la Dictadura. En esencia: que se localicen dónde están arrojados, darles un enterramiento digno y depurar responsabilidades que pongan fin a la impunidad del franquismo.

Recordamos declaraciones brutales como las de Rafael Hernando: “Algunos se han acordado de su padre, parece ser, cuando había subvenciones para encontrarle”. Solo un fascista manifiesta tamaña barbaridad. O la de Mayor Oreja, que se negó a condenar el franquismo porque “formaba parte de la historia de España”; “muchas familias lo vivieron con naturalidad y tranquilidad” y la situación era de “extraordinaria placidez”. Mayor se olvida, en su sectaria radiografía de la Dictadura, de la España que hacinaron en las cárceles, los manicomios y los campos de concentración franquistas, o hicieron desaparecer en cunetas. Como ven, la derecha extrema que tanto odia la memoria histórica, la utiliza de manera perversa y selectiva.

Se equivocará quien analice las apologías del franquismo como disparates esporádicos e individuales o “simples ignorancias” de la Historia. Muy al contrario, son evidencias de la crueldad consciente de un partido que sigue instalado en esa “Victoria” hija de un continuo histórico innegable: acoso a la II República-golpe de Estado de 1936-GC-Dictadura-Pacto de silencio transicional-Ley de Amnistía. Esta última, un sinsentido jurídico que les ha permitido salir penalmente indemnes. Sostengo estas afirmaciones en su actitud de desprecio envalentonado, en la disculpa y apoyo a quienes, con fruición, hacen público esta particularidad del adn PP y en la negativa constante, con el apoyo inquebrantable de una parte de la judicatura, a que se juzgue como delito el ensalzamiento del franquismo y las atrocidades cometidas durante esa época. Recordemos al “depurado” juez Garzón. ¿Se imaginan que la derecha alemana no condenara o justificara el nazismo? La Ley caería implacablemente sobre ella.

Quien marcó más crudamente la perpetuación y banalización del franquismo fue Fraga, que dejó la siguiente perla a solo tres meses de las elecciones democráticas de 1977: “Alianza Popular (AP) (…) ha sido reconocida como una fuerza política que se niega a aceptar la voladura de la obra gigantesca de los últimos cuarenta años, que no se avergüenza de un periodo histórico en el cual el país ha dado un salto colosal hacia adelante (…)”. La “modélica Transición”, un pacto de silencio “atado y bien atado”, ya se encargó de borrar de la “memoria” esta y otras insidiosas reivindicaciones de la “España del 18 de julio”.

¿Por qué AP/PP se niega sistemáticamente a condenar el franquismo, en el que la violencia programada en sus diferentes niveles formaba parte de la cotidianidad? La respuesta es sencilla: es la manera de autoprotegerse.

Cada vez que lo defienden fortalecen los vínculos que tienen con él. Cada vez que nos reprochan “poner sobre la mesa al franquismo y a sus víctimas”, se hace palpable que sigue vivo entre ellos. Si se exige condenar el terrorismo de ETA y pedir perdón a las víctimas para reconocer legalmente la actividad política a quienes han pertenecido a la banda o a su entorno, ¿por qué no se exige lo mismo al PP, tan comprensivo con el terrorismo de Estado franquista?

Vuelvo al Pleno municipal. Escuchar a Cristina Moreno (PSOE) o a Eva Abril (IU) reprochar al equipo de Gobierno (PP) y a parte del público, las risotadas y la falta de humanidad que exteriorizaron, evidencia una verdad palmaria: son lo que nunca han querido dejar de ser, por ello siempre estarán al margen de la lucha por la Libertad y la Democracia.

A la memoria de todas aquellas personas que sacrificaron su libertad y dieron su vida por una España de los ciudadanos, justa, libre y democrática. Nos queda Argentina.

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