Publicado: vie, Nov 29th, 2013

Fraga resucitado: “¡la calle es mía!”

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Así bramaba Fraga para justificar la represión del Régimen aún imperante en 1976 y dejar claro que la calle, como en la dictadura franquista, no pertenecía al ciudadano, sino al aparato represor del Estado. Sus herederos resucitan hoy ese grito y sus consecuencias, en un nuevo intento de secuestrar los espacios públicos reconocidos por la ciudadanía disidente como escenario público de sus luchas. Tratan de reprivatizar la indignación, devolviéndola al ámbito doméstico. Les asusta que pueda romperse el dique y se convierta en masiva respuesta política en contra del sistema caduco del 78.

El capital financiero —nacional e internacional— necesita un Gobierno que, bajo unas siglas u otras, garantice normalidad en un clima de drama social, y cumpla, a este fin, un nuevo encargo: la reinvención del aparato represor del Estado, en forma de nueva Ley de Seguridad Ciudadana, más agresiva a la par que sutil silenciadora de la represión.

La perversa criminalización de los movimientos ciudadanos, situándolos en el entorno de ETA o la comparación de sus acciones con actitudes nazis, ha provocado el efecto contrario al pretendido, pues ha chocado con una ciudadanía que, en gran parte, considera más legítimas las acciones de los movimientos que las políticas de este Gobierno zombi. Por otro lado, la firmeza de la judicatura al considerar la acción Rodea el Congreso o los escraches como legítimos usos de la libertad de expresión y, por tanto,  exentos de sanción, ha terminado por desquiciar a esa derecha tan acostumbrada a controlar la calle. Además, la imagen de los antidisturbios forrando a palos a unos ciudadanos que se rebelan contra los gobiernos que cercenan su condición de persona para maximizar solo su valor económico, desdibuja su publicitaria Marca España y la convierte en una España Marcada, tanto por sus políticas como por sus porras.

El diseño de lo que ya se conoce como burorrepresión sitúa al Gobierno en una situación de debilidad. La represión aumenta cuanto mayor es su incompetencia y menor su legitimidad. Un Gobierno débil y escasamente democrático es una invitación a la ciudadanía para que persevere en su lucha y se convenza de que el miedo está empezando a cambiar de bando. ¿Será fácil? No. Para ellos tampoco lo será si los ciudadanos decidimos que ninguna ley está por encima del ejercicio de nuestros derechos y libertades.

La burorrepresión no solo es una coerción de clase que busca proteger a las élites expulsando, al 99%, de la política que se hace en la plaza pública, también funciona, en este caso, como una realidad recaudatoria que se nutre del castigo impuesto al que se expone y desafía a ese poder que, por moribundo, pero aún sin alternativa organizada, es más antidemocrático en su ansia por perpetuarse. La delincuencia institucionalizada nos concibe, desde un principio, como delincuentes enemigos porque osamos disputarle la conducción de nuestras vidas. Esta ley de la “patada en la calle” se ha urdido contra nosotros, los de abajo, por un Estado que se autoconcede ser juez y parte, haciendo escapar, a priori,  la sanción, de toda garantía judicial. Montesquieu muere una vez más. ¿”Atado y bien atado”? En gran medida sí, ya que el puzzle lo completan con la reforma de las tasas judiciales que impide acceder, por su elevado coste, a una buena parte de la ciudadanía a la tutela judicial que determine si el Estado ha vulnerado derechos civiles que en Democracia deberían ser intocables. No siempre lo legal es legítimo. Cualquier gobierno mentiroso, corrupto y entregado a la troika —ésta es la auténtica pérdida de soberanía— debería quedar invalidado para el ejercicio de la política. Si además su objetivo es laminarnos, nuestra respuesta es clara: la insumisión cívica.

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Mostrando 1 Comentario
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  1. avatar José Manuel Moraga dice:

    Estimado Fernando:
    Aunque comparto la génesis de los problemas que aludes,
    a los cuales no se vislumbra solución, prefiero ejercer mi voto
    con coherencia y entonces pondré a jugar mi ficha de peón
    en el tablero del sistema, porque si no lo hacemos así, no conseguiremos
    cambiar nada de forma ejecutiva, para una alternativa al sistema
    hace falta líderes o comunidades líderes de las que ha carecido este país a lo largo de su historia, un saludo

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