Publicado: Vie, Nov 22nd, 2013

Enganchados al móvil

repor_movilCada día son más las personas que se encuentran totalmente “colgadas” de su teléfono móvil. La falta o pérdida del terminal, que se ha convertido en un aparato imprescindible en nuestros días, puede provocar ansiedad, preocupación y malestar entre aquellos que han creado una relación emocional con la máquina.

Los teléfonos inteligentes ocupan gran parte de nuestro tiempo y se están convirtiendo en un deterioro de las relaciones interpersonales. Así, las imágenes de una pareja en la cama, mientras uno de ellos observa la pantalla de su teléfono móvil; la de un grupo de amigas tomando un café sin mantener conversación más allá de la que se presenta en su pantalla del smart-phone; o la de cientos de personas grabando un concierto en la memoria de su terminal son ya cotidianas. Situaciones muy bien descritas en el cortometraje I Forgot my Phone (‘Olvidé mi móvil’). Este trabajo, que pretende hacer reflexionar sobre el uso excesivo del móvil a través de escenas cotidianas, recibió en menos de cuatro días más de 5 millones de visitas en YouTube. Y es que casi todo el mundo ha sufrido el impacto de las nuevas tecnologías y, por ende, el hecho de estar permanentemente conectados.

Relaciones interpersonales
Esta falsa necesidad afecta a las relaciones interpersonales. ¿Quién no se han sentado en una terraza con amigos y la conversación ha brillado por su ausencia mientras todos ojean lo que ocurre en las redes sociales? ¿Quién no ha mantenido una larga charla por Whats-App mientras se descuida a la persona de carne y hueso que se encuentra a nuestro lado?

El teléfono móvil ha llegado a nuestras vidas para quedarse para siempre y compartir con nosotros cuanto más tiempo mejor.  A estas alturas, la relación con nuestro teléfono se ha convertido en algo emocional, y en caso de que nos lo roben o lo perdamos, el disgusto será máximo. Habremos perdido mucho más que un teléfono con su agenda de contactos. Se va parte de nuestra vida plasmada en fotos,  conversaciones, GPS, linterna, juegos, hombre del tiempo, fiel compañero de viajes y reproductor de la música de nuestra vida. Los dichosos aparatitos nos mantienen enganchados a sus funciones y aplicaciones, un hábito que ha provocado el aumento de la adición a los smartphones.

Datos para pensar
De hecho, el 53% de los españoles son adictos al móvil, según datos del Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad, aumentando un 13% en los últimos años debido a la expansión de los teléfonos inteligentes. Según este estudio, consultamos el móvil una media de 34 veces al día, y crece la nomofobia (el miedo a salir de casa sin el teléfono). Móviles que van en aumento superando ya los 55 millones de terminales en España, según datos de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT). Este tipo de móviles de nueva generación y sus aplicaciones, como las de mensajes instantáneos, ha disparado el problema, sobre todo entre la juventud. Según una encuesta realizada por Telefónica, el 40% de los jóvenes, entre 18 y 30 años, asegura que no puede vivir sin su smartphone. Una adición que se está dando en personas que no esperan necesariamente una llamada importante, sino que desarrollan una relación no utilitaria con su teléfono.

La preocupación por este tipo de adicción va en aumento y los profesionales auguran un incremento en el número de personas que no puedan vivir sin su móvil a una edad cada vez más temprana, a tenor de los datos arrojados por el Estudio sobre hábitos seguros en el uso de smartphones por los niños y adolescentes efectuado en España en 2012 por el Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación Intenco y la compañía Orange, que arroja que “dos de cada tres adolescentes tiene móvil; en la mayoría de los casos de altas prestaciones”.

Tal es la dependencia que se ha creado que, según el estudio de la compañía de investigación Unisys, una persona tarda como promedio 26 horas en denunciar el robo de una cartera, pero si el objeto perdido es un teléfono la denuncia se produce a los 68 minutos.

Para la directora del Centro Psicológico de Aranjuez y doctora psicoanalista, Pilar Peleato, las personas adictas al teléfono móvil son aquellas que tienen un impulso incontrolado a consumir de manera compulsiva el objeto en cuestión. “El individuo crea una dependencia con su teléfono móvil, ocupa el 90 por ciento de su energía vital y la falta de él le genera un síndrome de abstinencia”, apunta. El uso descontrolado del móvil llega a crear en la persona una distancia con el mundo real y fomenta la relación con el mundo virtual.

La sociedad actual, en la que se prima la información instantánea y estar constantemente conectado a las redes sociales, puede llegar a crear individuos que vean en su móvil un auténtico dios. “Un objeto que todo lo sabe, todo lo puede y tiene el don de la ubicuidad”, señala. Y es que la metáfora clarifica el apego y necesidad que las personas llegan a sentir por un objeto al que veneran, “al encontrar en él todo lo que necesitan”.

Los jóvenes, principalmente, pueden ser el espectro poblacional más afectado  por esta necesidad creada. Prácticamente desde que nacen se ven envueltos en el mundo tecnológico y, desde una edad temprana, se relacionan, casi de manera natural, con terminales móviles. “Están cambiando las formas de relacionarse”, apunta la doctora, “y aún es pronto para determinar cómo puede afectar esta nueva manera de comunicación con otros individuos”. A pesar de que el móvil va ganando poco a poco la partida, Peleato subraya que “las máquinas no van a sustituir nunca las relaciones interpersonales”.

El teléfono móvil y su uso desproporcionado crea seres más individualistas y narcisistas. La continua exposición de nuestras vidas en redes como Facebook o Twitter, subiendo una foto a cada paso o un comentario para generar la respuesta y atención por parte de los demás, manifiesta una clara necesidad del individuo para que los demás lo miren. “Es importante que estás personas se sientan observadas; si no lo hacen, se desquebrajan”, asegura la doctora.
De hecho, algunos individuos ven en los contactos cara a cara algo más complicado y difícil que el escribir un mensaje o WhatsApp, en el que sólo se relacionan con la pantalla de su móvil; un hábito que para la doctora puede tener consecuencias fatales: “o se reforma, o nos convertimos en autistas”, advierte. Para la profesional, es necesario fomentar las relaciones entre individuos a través de un contacto donde se creen los vínculos necesarios para el desarrollo social.

Desconexión digital
Hoteles, aplicaciones, libros de autoayuda y hasta clínicas especializadas se han sumado al boom del Digital Detox o de-teching, una tendencia que aboga por la limpieza total de vida online invitando a hacer un ayuno tecnológico temporal con el objetivo de frenar el ritmo y recapacitar sobre la invasión digital y los efectos que está comenzando a provocar en las relaciones personales de algunos usuarios.

Es importante darse cuenta  de que destinamos mucha energía y tiempo en algo que a la larga podría ser perjudicial o, peor aún, llevarnos a vivir irrealidades o provocarnos conflictos con la cruel realidad. La doctora Pilar Peleato considera más que recomendable desconectarnos de nuestro móvil algo más de una hora al día, evitando así que el dispositivo móvil se convierta en el centro de nuestras vidas.

Cada vez son más las personas que se deciden voluntariamente sumarse a esa desconexión, aunque la sociedad actual y su ritmo frenético ponen muchas trabas a la desconexión. Sin embargo, el individuo sano tiende a “autorregularse y se autolimita en las consecuencias”, subraya. Es difícil tomar esta decisión después de que se haya creado el hábito de mirar los correos electrónicos, entrar en Twitter o Facebook y estar informado de lo que pasa en el mundo de manera instantánea. El saberlo todo y estar en todo a golpe de dedo puede llegar a crear una adicción que hay que combatir con la desconexión.

Elena es trabajadora en una gran multinacional y conoce de primera mano lo que es estar pegado al teléfono móvil para saber qué es lo que está ocurriendo en su centro de trabajo. Tras elevados niveles de estrés, llegó a la conclusión de que es necesario desconectar y buscar “los espacios para una misma y momentos a lo largo del día para hacer lo que me plazca”, afirma. La barrera entre el trabajo y la vida personal se vuelve borrosa.

Para conseguir una progresiva desconexión se aconseja apagar el móvil al menos durante las comidas; desconectarse de Facebook para potenciar las relaciones face-toface con amigos y familiares; dejarse el móvil en casa alguna vez o dejar de tuitear por unos días. Además, recomiendan evitar leer los correos cada cinco minutos y disfrutar de libros y periódicos.

¿Estás colgado de tu móvil?

¿Eres capaz de pasar el día sin mirar el móvil o, por el contrario, tienes la necesidad de llevarlo contigo a todas horas? El test propuesto por José Jiménez Morales, director del gabinete psicopedagógico y de orientación familiar Psicoloeduca, nos permite conocer el grado de importancia que otorgamos al teléfono móvil en nuestras vidas. Lee las siguientes cuestiones y contesta SI o NO, según sean ciertas o no en tu caso. Responde espontáneamente y sin reflexionar demasiado las respuestas. Después, suma las afirmativas para situarte dentro de los grupos que figuran al final del test. Después de contestar tú, también puedes pensar cuáles serían las respuestas en el caso de otra persona que conozcas bien.

Cuestionario de Psicoloeduca:
1.- Las personas que me conocen dicen que estoy todo el día colgado del móvil. SI/NO

2.- A veces cojo el móvil de una forma mecánica, y, casi sin pensarlo, hago llamadas o mando mensajes por el simple placer de hacerlo. SI/NO

3.- Aunque esté en casa, no me separo del móvil. Lo llevo siempre a mi lado cuando voy de una habitación a otra, incluso al baño o la cocina. SI/NO

4.- A veces le quito horas al sueño o disminuyo la duración de las comidas u otras actividades porque estoy hablando con el móvil. SI/NO

5.- Una gran parte de mis conversaciones con otras personas las tengo por el móvil. SI/NO

6.- Gasto más de lo que debería en el teléfono móvil y, aunque intento reducir el gasto, no lo consigo. SI/NO

7.- Me resulta más fácil ser hablador y comunicativo a través del móvil que en persona. SI/NO

8.- Cuando oigo que suena el móvil, no puedo evitar responder, incluso en situaciones inapropiadas. No responder, me crea ansiedad. SI/NO

9.- Si alguna vez me olvido el móvil o no puedo tenerlo encendido, me siento nervioso e inquieto hasta que lo vuelvo a recuperar o conectar. SI/NO

10.- Aunque no esté esperando ninguna llamada concreta, no puedo evitar estar siempre pendiente de mirar el teléfono. SI/NO

Resultado del cuestionario: Cuenta el número de respuestas que has marcado “SÍ”.

  • Ninguna respuesta afirmativa. Está claro que no tienes ningún tipo de “enganche” o dependencia del móvil. Lo usas sólo cuando lo necesitas y no estás pendiente de él.
  • De 1 a 3 respuestas afirmativas. Empiezas a tener algún síntoma de que estás pendiente del móvil más de lo conveniente, aunque no se puede decir que estás ya “enganchado”. Este es el mejor momento para que te plantees controlar su uso.
  • De 4 a 6 respuestas afirmativas. El móvil se ha convertido en el centro de tu vida. O estás ya totalmente enganchado o a punto de estarlo. Es posible que te hayas acostumbrado a vivir pendiente de él y es también posible que tus llamadas o mensajes empiecen a importunar a los que los reciben. Puede que, incluso, te estén alejando de las personas que tienes al lado.
  • De 7 a 10 respuestas afirmativas. Todas las señales indican que te has convertido en un adicto al móvil y que vives pendiente de él. Debes romper con este “enganche”: el móvil es un maravilloso adelanto tecnológico que debe servir para comunicarte con los demás y para darte libertad, no para quitártela. Te aconsejamos que cambies tus hábitos y aprendas a usarlo de una forma más moderada.

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  1. […] que tienen la capacidad de sumergirnos en ellas y desconectarnos de la nuestra. El objetivo de la realidad virtual es que realmente sintamos que estamos viviendo profundamente otra […]

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