Publicado: vie, Nov 22nd, 2013

Adiós a dos amigos

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El recuerdo hace volver la vista atrás, repasar lo vivido en los años de niñez y juventud. Rememorar las escuelas públicas a las que acudisteis, o las escuelas privadas para los pobres, que no querían que se juntaran con aquellos niños “bien” que irían al bachillerato, a la universidad. Nacer en una familia con medios facilitaba el derecho a unos estudios negados a los hijos de los obreros. Así ocurrió hasta que en el año 72 se inicia un nuevo camino con la Ley General de Educación. Vosotros habéis pertenecido a una generación secuestrada.

Sólo vuestro tesón y autodidactismo os han llevado a ser personas interesadas por aprender, por saber, por saber ser. Otros muchos quedaron en el camino de la desidia, del desinterés. Buscabais aprender, estar alerta de todo lo nuevo. Compartíais lo que llegaba a vuestra manos, siempre dispuestos a dar, a ofrecer. Seguíais a Machado cuando escribía: “En cuestiones de cultura y saber, sólo se pierde lo que se queda; sólo se gana lo que se da”. Niñez y juventud escrita en gris, un país que perdió el talento de lo más preciado. Una España en la que Alberti no escribía, Buñuel no dirigía, Picasso no pintaba, Pau Casals no tocaba… Un período en el que la educación reflejaba el estado de pobreza y miseria, donde estudiar era un lujo, no un derecho.

De cada 100 alumnos que iniciaron la Enseñanza primaria en 1951 (con 6 años), llegaron a ingresar 27 en la Enseñanza media (con 10 años). Aprobaron la Reválida de Bachillerato elemental (con 14 años) 18 chicos. El bachillerato superior (con 16 años) , sólo 10. Aprobaron el Preuniversitario (17 años), 5 estudiantes. Y culminaron sus estudios universitarios en 1967, 3 alumnos.

Esa es la época que os ha tocado vivir, en la que os habéis tenido que abrir camino dentro de la pobreza de un país en barbecho. Hombres como vosotros ayudaron a dignificar la condición humana. Vuestro trabajo y tesón son un ejemplo de dignidad y coherencia.

Gracias, Blas y Ortiz*, por habernos dejado disfrutar de vuestra compañía, por haber ayudado a otros muchos a buscar un camino semejante. Que cunda el ejemplo de la humildad, del trabajo bien hecho, del compartir. Fuisteis ese árbol que absorbe el agua y nos da el oxígeno necesario para respirar, para vivir.

Un adiós especial desde la lejanía y el recuerdo.

*Blas Guirao y Ángel Ortiz, dos vecinos enamorados de Aranjuez y estudiosos de su historia, han fallecido recientemente.

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