Publicado: Jue, Oct 31st, 2013

Está lloviendo mucho

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1.679 kilómetros separan Aranjuez de Estrasburgo. Estamos a 1.679 kilómetros de distancia de la ciudad francesa en la que la indecencia ganó la partida a los hombres buenos. Antes del pasado lunes, el que más y el que menos relacionaba esta urbe con Alsacia y su cercanía a Alemania. Después del fatídico lunes 21 de octubre, la vincularemos desgraciadamente con el triunfo de la banda terrorista ETA. Allí, una manada de burócratas acomodados al despacho, una élite de supuestos jueces colocados a dedo por el partido de turno, decidieron que el hecho de que los terroristas, violadores y demás escoria moral de esta categoría, estén en la cárcel vulnera sus derechos humanos. No pretendo hacer una valoración judicial de la sentencia que jamás debió existir. No es ni el momento, ni el lugar. Sí está en mi intención valorar las consecuencias y algunos pasos dados hasta llegar a este momento, que no es otro que la humillación de las víctimas y la exaltación en la victoria de los criminales etarras.

La conquista de ETA en Estrasburgo no es casualidad. Es un paso más del proceso iniciado por Zapatero hace unos años. Las actas de las reuniones de los emisarios de ZP con los etarras así lo demuestran. Creían los asesinos que derogar la doctrina Parot en España era imposible y que por tanto, convenía internacionalizar, o mejor dicho, europeizar el proceso. Tomó el Gobierno de Zapatero buena nota y el mismo ex presidente envió a Estrasburgo a su encargado personal para defender las intenciones de ETA, José Luis López Guerra. Gracias a él, la ignominia de ver a los etarras en la calle ha tornado realidad. Pero ha llovido mucho por el camino. Primero tuvimos que ver como ZP se refería a Otegui como “un hombre de paz”. Después tuvimos que soportar que el sanguinario De Juana Chaos obtuviera la libertad. Siguió lloviendo y vimos cómo la ley de partidos saltó por los aires para que ETA, rebautizada con el nombre de Bildu o Amaiur, copara los ayuntamientos e instituciones vascas. Es como si en alguna zona de Noruega una serie de partidarios del genocida Breivik fundara un partido y ganara las elecciones. Nos horrorizaría ¿verdad? Pues parece ser que aquí comulgamos muy bien con eso de que los criminales estén en las administraciones públicas. Seguramente no se habrán parado a pensar los iluminados de Estrasburgo en las palabras que Platón pronunció hace años, “donde las leyes se hacen en gracia solo de unos cuantos, decimos que no hay ciudadanos, sino sediciosos, y que su pretendida justicia no es sino un nombre en vano”. No sería Platón ni sus “Leyes” lo suficientemente progres como para argumentar su decisión. Cierto es que ha llovido mucho desde el tiempo platónico. Y esta lluvia había ya empapado los huesos de las víctimas y de la parte honrada de la sociedad española que quiere a los etarras y a sus cómplices ilegalizados y en prisión.

Lo que no esperábamos muchos es la actuación del partido en el Gobierno. No esperábamos la excarcelación de Bolinaga, que es exactamente igual que lo que el gobierno anterior hizo con De Juana. No esperábamos tampoco que condenaran al ostracismo al PP vasco que luchaba, el de San Gil, Abascal y compañía. No esperábamos que el gobierno popular no hiciera nada para ilegalizar a Bildu, Sortu y Amaiur. No esperábamos las prisas para poner en la calle a la canalla Inés del Río. No esperábamos tampoco que el PP (no su militancia ni votantes) estuviera en la concentración del pasado domingo en Madrid. Y no esperábamos ni mucho menos que el presidente Rajoy, al ser preguntado por la sentencia y por unas palabras a las víctimas, dijera “está lloviendo mucho” Bien Mariano, es lo único en lo que dice la verdad. Ha llovido mucho desde que un día usted, en la oposición, acompañaba a las víctimas. Ahora, la sociedad entiende que las ha traicionado y que las ha utilizado. Tanto ha llovido, Don Mariano, que ya no hay ni quien le conozca. Como decía un buen amigo, “usted ha cambiado su visión de las cosas desde que las veía detrás de una pancarta a verlas desde un Palacio”. No se puede caer más bajo. Qué triste.

Sobre el Autor

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- Profesor de vocación. Ha trabajado en radio y prensa escrita. Ahora completa su formación como alumno, doctorando en Departamento de Historia de la Educación.

Mostrando 2 Comentarios
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  1. avatar Ribereño dice:

    Cualquier abogado recién salido de carrera sabe que existe la irretroactividad de las normas lesivas para los condenados…es decir que lo que el Gobierno español del momento hizo era una chapuza jurídica que encima ahora nos va a costar dinero (a indemnizar a los presos), prestigio (ya que hemos quedado de pena) y afrenta a las víctimas…

    Es lo malo de legislar a golpe de populismo…

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