Publicado: vie, Oct 18th, 2013

¿Otro sindicalismo? ¡Sí, se puede!

Si la “modélica” Transición entra en crisis, sus instituciones políticas y sindicales, también. Lo saben, pero prefieren subsistir y que subsista el régimen. La prefabricada imagen perfecta de aquélla ha sido el habitáculo donde continuó anidando la derecha político-financiera, y se cobijó una parte de la izquierda política y sindical. 35 años de “consenso” y “diálogo social” más o menos obligados no solo desvirtúan los objetivos de clase, sino que, hablando ya solo de objetivos, los acomoda para la supervivencia dentro de un sistema que se hunde y arrastra. Los peajes que conlleva esa supervivencia se convierten, en parte, en la agonía del común. La falta de autonomía real de los sindicatos les ha impedido realizar, mucho antes, la obligada revisión crítica de su trabajo. 35 años después, y ante una situación de emergencia socioeconómica, ya no caben más esperas. Lo mismo le ocurre al bipartidismo, en cuyo extrarradio izquierdo podríamos situar a cierta IU: la que pacta cargos y no Políticas del bien común.

CC.OO. y UGT no son ajenos a esta situación. En su continuo histórico, han pasado de ser un referente de fuerza y lucha de la clase trabajadora a organizaciones cada vez más institucionalizadas y dependientes económicamente de unos gobiernos, sirvientes de la Troica, que abren y cierran el grifo según se les garantice determinada “paz social”. El grifo ahora está cerrado porque, según el discurso del capital, el movimiento sindical se ha dejado arrebatar la calle por las Mareas, a las que se percibe con recelo por su posible condición de nuevo “sindicalismo”. Apresurada percepción, creo. El terreno de juego se ha diversificado. Aunque curtidos en el campo de los derechos laborales conquistados incluso con vidas, el partido ya no se juega en el “Bernabéu” del trabajo estable y con derechos garantizados. Ahora hay muchos más escenarios y para casi ninguno hay estrategia y respuesta. Especialmente lo sufren los sectores más precarios de la sociedad. El empleo es solo uno de los escenarios donde tejer acciones de lucha. Hay ciudadanos que carecen de empleo, pero están tan necesitados de la sustanciación de sus derechos como aquellos que sí lo tienen. ¡El “precariado” también existe!

Desde hace tiempo las cúpulas sindicales están más por la concertación, aunque no haya nada bueno que concertar, que por la calle. Son conscientes de su pérdida de fuerza. Y aunque oyen —no sé si escuchan— el grito de los que padecemos las políticas capitalistas, no aciertan a dar una respuesta convincente. Ese atronador silencio que se da en ocasiones refuerza a un enemigo cargado de balas que se tornan en reformas y recortes que priorizan el pago de la deuda sobre el gasto social y desempoderan al común.

A la derecha le sobran los sindicatos. A mí no. A mí me hacen falta fuertes, dispuestos a dejar constituir un sindicalismo transversal del 99% que defienda de los envites del capital a la redimensionada clase trabajadora —derechos dentro y fuera del mundo laboral—. Sobran las cúpulas sindicales, hijas en su mayoría de la Transición, que anulan el trabajo, no solo sindical, de los que quieren una sociedad justa dentro y fuera de los tajos. Me sobra tanta “élite representativa” y la hegemonización por éstas de las luchas protagonizadas por una sociedad civil más organizada y radical. Quizás convenga reflexionar por qué parte de la ciudadanía os percibe necesarios, pero no siempre útiles.

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Mostrando 3 Comentarios
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  1. Buen y certero análisis, solo queda opinar y realizar la opinión cuando toque en los próximos congresos, para concretar la alternativa a esta situación; Alternativa de proyecto y de personas para realizarlo.

  2. avatar Ribereño dice:

    Un análisis interesante pero al que le falta aportar soluciones. Y quizás ese es el problema, que nadie sabe cómo cortar la hemorragia de desapego y descrédito de los sindicatos (y partidos). En mi humilde opinión sindicatos y partidos siguen manteniendo una estructura de funcionamiento, organización y pensamiento anclada en viejas jerarquías piramidales donde las aportaciones de la base cuesta mucho que lleguen arriba. Este modelo era adecuado en la sociedad industrial y de masas del siglo XIX y XX. Pero en una sociedad individualista, fragmentada, horizontal, donde el acceso al conocimiento y a las ideas es mucho más horizontal ya no tiene sentido.

    Y lo malo es que crece la idea de que sin sindicatos estaríamos mejor…idea absurda y que denota un desconocimiento de la historia y de la economía…pero lamentablemente cada vez más gente lo piensa…hasta que de verdad vean sus consecuencias.

  3. Gracias por vuestras aportaciones. A lo largo del artículo, aunque con trazo grueso, se van apuntando algún indicio de posible solución. Resulta muy complicado desarrollar más «finamente», en tan poco espacio, los argumentos hasta llegar a conclusiones que puedan presentarse como soluciones. Tampoco es mi intención plasmar la SOLUCIÓN -entre otras cosas porque no la tengo-, sino generar debate para ver qué ha fallado y qué sindicalismo necesita una ciudadanía tan agredida como la nuestra, la portuguesa, la griega o la italiana. Incluso buena parte de las sociedades de la Europa del norte también sufren estas agresiones del capitalismo imperante.

    Que la derecha ha lanzado una ofensiva contra los sindicatos es evidente, pero no nos quedemos ahí, no es la única culpable del descrédito de algunos sindicatos. Verlo de esa manera sería hacer un análisis incompleto -porque obviaríamos la crítica que se hace desde posiciones muy alejadas de la derecha, e ineficaz por no hacer una identificación correcta del «enemigo». Ellos también tienen su parte de culpa. Hay veces que el «enemigo» también está en casa. Un saludo.

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