Publicado: vie, Oct 11th, 2013

Todos educamos

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Por ALICIA PASCUAL

Alicia_PascualLeo estos días en los periódicos que en un colegio público de la Comunidad de Madrid se ha permitido realizar un mercadillo con una docena de stands en los que se han exhibido símbolos preconstitucionales, pósteres del dictador Francisco Franco, cuadros con la efigie del  fundador de la Falange, estandartes con la esvástica nazi, parches con la calavera emblema de las SS de Hitler. Una feria fascista, en suma. En Castilla la Mancha, el ayuntamiento también autorizó la instalación de una plaza de toros dentro del recinto del colegio del municipio toledano de Mocejón.

Estos hechos que hace años hubieran sido considerados como reprochables por la casi totalidad de los miembros de la sociedad, hoy pasan totalmente impunes. Como mucho, un pequeño reproche por el partido de turno o una declaración de reprobación. Lo que en otra época hubiera sido motivo más que suficiente para apartar de la vida pública a los mandatarios que han permitido estas cosas, hoy justifican sus acciones con argumentos tales que insultan la inteligencia de las personas de bien. Justificar estos hechos afirmando que se realizan para “incrementar el amor a España y su unidad indivisible” o para “acercar y mejorar el conocimiento entre sociedad civil y militar” constituye una burla y un insulto a los ciudadanos.
Hemos perdido la capacidad de asombro, somos una masa de súbditos resignados y expuestos al antojo y gobierno de personas incapaces de medir y calibrar el límite de sus actuaciones.

Estos hechos me parecen graves no sólo por ensalzar unas ideas y planteamientos políticos totalitarios, poco respetuosos con los valores comúnmente aceptados e impropios de una sociedad tolerante, sino también por suceder en lugares tan emblemáticos como colegios, centros educativos públicos.

La escuela —nuestros colegios—debe ser un lugar trabajo donde se formen ciudadanos respetuosos;  donde se preparen personas responsables, formadas en valores que nos den las competencias necesarias para poder convivir en una sociedad en cambio permanente, y este tipo de manifestaciones no contribuyen a ello.

La educación es un proceso que no puede enseñar una única persona. Para educar a un niño  “se necesita una tribu”. Es el conjunto de la sociedad la que forma e informa a los más pequeños. El profesor Marina lo define muy bien cuando afirma que “todos somos responsables de la educación de los niños que se crían en nuestro grupo social”, y que “todos, cada uno desde su puesto en la sociedad, debe retomar su papel y enseñar a vivir”.

La tribu también la forman esos  alcaldes que permiten y predican con actos tan poco ejemplarizantes, en los que se ponen de manifiesto  hábitos y modelos con nefastos recuerdos. Educar es participar en la sociedad civil, en la tribu, para que nuestros hijos puedan vivir mejor. Los participantes de esta sociedad debemos reprochar a estos alcaldes electos sus actuaciones que tan negativamente ilustran la educación de los jóvenes. Debemos tomar la iniciativa de la protesta, del inconformismo, de ser algo más que portadores de papeletas electorales cada cuatro años y reivindicar el espacio público que nos pertenece. Recuperar la iniciativa con ideas, con propuestas, con actos que sirvan para articular la sociedad civil. Estamos necesitados de ello.

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