Publicado: vie, Oct 4th, 2013

La educación no es un gasto más

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El inicio del curso académico supone un buen momento para hacer un análisis de la realidad de la universidad en Aranjuez, que no vive ajena al difícil momento por el que atraviesan el resto de universidades madrileñas, incluida la Universidad Complutense, a la que se adscribe el CES Felipe II. Todo apunta a que la zozobra vivida en las aulas ribereñas durante la pasada primavera es ahora una calma chicha que puede devenir en tormenta en cualquier momento.

De momento, el número de matrículas ha crecido en el CES Felipe II para el curso que ahora empieza. Es un dato positivo, alentado por la calidad de las enseñanzas que se imparten en Aranjuez, sobre todo las de Bellas Artes o las de Traducción e Interpretación, pero también por los programas de fraccionamiento de pagos de matrícula puesto en marcha por la UCM.

Sin embargo, esta realidad choca de frente con las dificultades económicas por las que atraviesa el campus ribereño, aquejado de la misma asfixia económica que el Gobierno regional aplica al resto de universidades en Madrid.
La directora del CES Felipe II, Ángeles Carrasco, advierte en este número de MÁS que la Universidad Complutense de Madrid ha aplicado un recorte de 40 millones de euros, similar en proporción al del resto de universidades madrileñas. Esta política de asfixia del Gobierno de Ignacio González se concreta también en la deuda de 158 millones que mantiene con todas ellas y que ha levantado las quejas y las críticas de todos los rectores madrileños.

A la difícil situación económica de la universidad madrileña se suma la política de tasas implantada por el ministro de Educación, José Ignacio Wert, alentadas y ensalzadas desde la consejería que dirige Lucía Figar.
Madrid se ha convertido en la región donde estudiar una carrera resulta más caro. Las tasas han crecido en el último año por encima del 60% y, durante el curso pasado, hasta 7.000 estudiantes tuvieron que abandonar sus carreras ante la imposibilidad de afrontar el pago de sus matrículas. Y es que acceder a la universidad en la Comunidad de Madrid se ha convertido en un propósito imposible para muchos y, para otros, hasta tres veces más caro que en otras Comunidades Autónomas como Castilla La Mancha o Andalucía.

La educación no es un gasto, es una inversión. En un momento de crisis económica como el actual, el último tijeretazo al gasto público debería ser el aplicado a la educación. Invertir en una formación sólida para nuestros jóvenes es invertir en el futuro del país. Un futuro que requiere de mano de obra cualificada que sea capaz de poner en marcha un nuevo modelo productivo que nos evite momentos de angustia como los actuales.

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