Publicado: vie, Sep 27th, 2013

Un cero a la izquierda

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Todos los días la misma rutina. Levantarse, arreglar a los niños, desayunar, llevarles al cole, sentarte frente al ordenador, buscar ofertas de trabajo, hacer llamadas, enviar CVs, volver a buscar ofertas, preparar la comida, recoger a los niños, comer, jugar un rato con ellos, darle a F5 para ver si hay algo nuevo, llevarles de vuelta al cole, sentarte frente al ordenador, hablar con alguien por teléfono, escuchar cómo te dice que “La cosa está mal”, torcer el gesto mientras piensas: “Me lo vas a decir a mí, que soy el que te ha llamado buscando trabajo”, darle a F5 otra vez y otra y otra. Responder a una llamada con la esperanza de que sea de algún trabajo y colgar con la decepción de no serlo. Preparar la merienda, recoger a los niños, ir al parque, reír, jugar, volver, darle a F5, ducharles, preparar la cena, leerles un cuento, volver a reír, besar, mirar cómo duermen y, con la sonrisa en los labios, llorar por dentro mientras les prometes, en silencio, que nunca les va a faltar nada. Nunca.
Ésta es la rutina diaria de millones de personas en nuestro país, un día tras otro y tras este otro. Esto es lo que los políticos no conocen porque no lo viven. Y cuando hablo de políticos, hablo de todos. Hay honrosas excepciones, eso sí, pero lo triste es eso precisamente, que sean excepciones. Millones de personas llorando por dentro y en ocasiones por fuera para conseguir un medio de vida digno que pueda garantizar el bienestar de su familia. Sin pedir limosnas, solo justicia. El problema principal es que la gente, nosotros, nos hemos convertido en cifras, en tantos por cien, en estadísticas, nos han despersonalizado. Han sustituido nuestras ilusiones y esperanzas por una gráfica a final de mes para ser manipulada por un partido u otro. Para ellos nosotros somos números, un dato en una estadística, no tenemos cara, ni nombre, ni familia. Solo nos encuentran en una gráfica cada mes. Y cuando ven que 31 personas en toda España han conseguido trabajo, son tan imbéciles que unos se ponen una medalla y otros se ponen en evidencia.
Eso también son rutinas, rutinas de poder, rutinas que poco a poco convierten a las personas por las que se debería luchar en simples números. Yo me niego a ser un número, no lo soy, ni yo, ni mi mujer ni mis hijos, ni vosotros tampoco, pero lo somos, desgraciadamente, y somos, ahora en tiempos de crisis y antes, un número que sólo se convierte en persona cada cuatro años, cuando les interesa. Y es que todos sabemos que para ellos nosotros somos un número y ese número es un cero a la izquierda.
Y ahora, si me disculpan, voy a darle a F5.

Sobre el Autor

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- Guionista, director de programas de televisión, autor teatral, autor de monólogos..., en definitiva: escritor. Viendo la realidad con las gafas del humor desde 1971.

Mostrando 1 Comentario
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  1. avatar Marta dice:

    Me ha encantado y se me ha saltado alguna lagrimita. Voy a darle a F5 yo también. 🙂

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